miércoles, 5 de abril de 2017

René Descartes

Sinopsis
Descartes era un cincuentón que tras haber tenido una hija con su empleada de hogar y diversos amoríos, empezó a cartearse con una muchacha de quince años. A pesar de vivir lejos, esta muchacha, huérfana de padre y sin relación con su madre desde los trece años por incompatibilidad de caracteres, resultó muy persuasiva y en poco tiempo logró convencer al maduro filósofo no solo para que fuera a visitarla, sino para que quedara a vivir con ella. Al poco tiempo Descartes murió sin que todavía se sepan las causas. 

En septiembre de 1649, cuando Descartes ya era un respetable señor de cincuenta y tres años y un intelectual de renombre en toda Europa, fue invitado a la Corte Sueca por la futura reina Cristina, de diecisiete años, con la que se carteaba hace algún tiempo, debido a la afición de la joven a temas como la poesía, la filosofía, la teología o la astronomía. La neófita soberana disfrutó durante poco tiempo de la compañía del filósofo y de sus clases en las gélidas madrugadas, puesto que en febrero del año siguiente, Descartes murió, parece ser que de bronconeumonía, maldiciendo el clima de aquel país 'que helaba hasta los pensamientos', según sus propias palabras. Estudios recientes barajan la posibilidad de que el filósofo fuera envenenado con arsénico sin compasión. Personalmente y vistas las circunstancias, apuesto por el suicidio.

Descartes fue enterrado en la iglesia protestante de San Olaf, en Estocolmo, pero dieciséis años después de su muerte, amigos y admiradores en general solicitaron el traslado de sus restos a París para que reposaran definitivamente en un cementerio católico. El embajador de Francia en Estocolmo encargado de los trámites, era uno de los más fervientes admiradores del filósofo y pensó que una buena manera de demostrarlo sería poseer el dedo índice de la mano derecha del autor del Discurso del Método. Parece lógico¿Quién no ha deseado alguna vez poseer el dedo índice de la mano derecha de su difunto filósofo preferido?. Yo sí, desde luego. Así que aprovechando la exhumación del cadáver, confiscó o mandó confiscar, esto no está claro, dicho apéndice para quedárselo como reliquia. 

Pero no quedó ahí el saqueo de los restos de Monsieur Descartes ya que en el trayecto de Estocolmo a París, le fue sustraído su privilegiado cráneo por el capitán de la Guardia Sueca que ejercía la vigilancia del cadáver. No están claros los motivos por los que se descubrió el delito: el capitán pudo dejar el cadáver descabezado, lo cual sería un descuido imperdonable, o bien el cráneo que puso en su lugar no era muy concordante con el cuerpo que lo acompañaba, cosa extraña puesto que dieciséis años ejerciendo de fiambre estandarizan bastante nuestro aspecto. Digamos en defensa del mitómano militar, que si en nuestra vida diaria ya es difícil tener a a mano un cráneo humano, mucho más difícil es disponer de un cráneo humano que se parezca a René Descartes. Incluso para un capitán de la Guardia Sueca.

Si bien al dedo se le perdió la pista, no ocurrió lo mismo con la susodicha cabeza ya que, tras varias idas y venidas en diferentes y poco recomendables circuitos mercantiles, llegó a manos del científico francés Georges Cuvier, el cual lo entregó al Museo del Hombre de París, donde se encuentra actualmente y donde se puede disfrutar de su contemplación. 


René Descartes en la actualidad.

Para finalizar, ¿Qué conclusiones o enseñanzas podemos sacar para nuestra vida diaria de la muerte y pérdida de cabeza de René Descartes?.

  • Si viaja a Estocolmo en invierno y sale por la noche, aunque sea a dar clases de Filosofía, lleve ropa de abrigo.
  • No es ninguna obviedad desear a un cadáver que descanse en paz.
  • Perder la cabeza es una expresión multívoca.
  • Jamás contrate a un Capitán de la Guardia Sueca para vigilar el cadáver de un ser querido, ni mucho menos el suyo.
  • Muchas veces la historia parece mucho más interesante en la sinopsis.


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